EL GRAN ATASCO
SINOPSIS
CREADO POR JORGE, ALBERTO, FERNANDO SANCHEZ-CABEZUDO.
Maya y el Señor Gallardo han quedado retenidos en un espectacular atasco en una de las carreteras de acceso a la ciudad. El Señor Gallardo es un joven oficinista soltero que ronda los treinta, ha recogido en la carretera a Maya, una joven mochilera que hacía autostop. Como el embotellamiento parece que va para largo empiezan a contarse sus vidas. La del Señor Gallardo se cuenta en una línea: todas las mañanas se levanta temprano coge el coche intentando esquivar la hora punta, llega a la oficina donde pasa todo el día detrás de una mesa y suele retrasar su hora de salida para evitar el tráfico de la vuelta. Pero esa mañana se ha dormido, y claro ha pillado el gran atasco. Maya tiene mucho más que contar: ha viajado por medio mundo, ha conocido gente y ha vivido situaciones a cual más surrealista.
Como surrealista empieza a ser aquella situación. Llega la noche y pasa un nuevo día, y otro, y de surrealista la situación se convierte en preocupante. Empiezan a escasear los víveres y como náufragos empiezan a estar al borde de sus fuerzas bajo el calor sofocante del verano. A través de la radio del coche nos enteramos de que las autoridades han decidido tomar cartas en el asunto ante lo que podría ser una catástrofe humanitaria de dimensiones incalculables ya que son miles las personas que están atrapadas en sus coches. Helicópteros empiezan a sobrevolar la zona lanzando sobre ellos agua y provisiones para abastecerlos.
Aquello a Maya le parece completamente absurdo, hace días que tendría que haberse bajado del coche y haber seguido a pie. Gallardo insiste en que después de haberla recogido lo mínimo que puede hacer es quedarse con él porque de cualquier manera aquello no puede durar mucho más. Realmente Maya no se va porque le encanta sorprender a Gallardo con sus historias. Nosotros nos vamos dando cuenta de que cada vez están más llenas de contradicciones, pero él por lo menos las escucha y aunque se muestra escéptico no quiere quedarse sin saber como acaban. Quizá no sean sólo las historias que ella cuenta, sino la propia Maya la que le acaba fascinando; Y una cosa lleva a la otra y casi sin darse cuenta acaban haciendo el amor en el asiento de atrás.
Cae la nieve, ha llegado el invierno y siguen en el atasco. El Señor Gallardo de pie sobre el techo del coche otea con sus prismáticos el mar de automóviles que delante y detrás de él se extiende. Los helicópteros siguen pasando tirando suministros. Se han ido establecido rutinas en la vida de cada día como el de hacer sonar los claxon un cierto número de horas al día, y por supuesto todos a la vez como muestra de respeto cuando alguno de los ocupantes de los vehículos fallece, lo que sucede cada vez más a menudo. Por el atasco corren un sinfín de bulos sobre las verdaderas causas del embotellamiento, pero la radio sólo da información difusa, se piensa que las autoridades hace tiempo que han iniciado la construcción de un nuevo desvío que pondrá fin al problema en tiempo record.
Al señor Gallardo le han calado hondo las historias de Maya y ahora es él el que se plantea el sentido de su vida anterior y quizá la posibilidad de abandonar el coche. Maya ya no insiste en sus peripecias. Parece estar a gusto con el señor Gallardo en el coche y se muestra algo temerosa ante la posibilidad de abandonarlo. Ante la insistencia de Gallardo Maya tiene que confesarle que las historias que tanto le han marcado son mentira. Se las inventó, la verdad es que él la recogió en la carretera poco después de que saliera de su casa. Nunca llegó a viajar. Además no puede irse porque ella está embarazada. La radio anuncia que un nuevo gobierno ha ganado las elecciones, las cosas van a cambiar.
Y desde luego que cambiaron; cambiaron las fronteras y el tramo de carretera en el que estaban atascados acabó perteneciendo a otro país. Los dirigentes del nuevo país responsable de esa carretera parecían mucho más decididos a acabar con el problema pero cuando parecía que las cosas se iban a poner en marcha, el primer país declara la guerra al segundo para recuperar sus antiguas fronteras y lo consiguen. En el día de la victoria todos están de pie en el techo de sus coches agitando las banderitas salvo Maya y el Señor Gallardo que no entienden de que se alegra la gente; todo va a seguir igual.
El hijo que ambos tuvieron ya se ha emancipado y se ha ido a vivir a la furgoneta verde doscientos coches más adelante con la hija del tipo del coche fúnebre y la mujer del dos caballos. Maya y el señor Gallardo parecen llevar una rutina cotidiana bastante tranquila hasta que por cualquier pequeño detalle saltan los dos, y llueven los reproches; cada uno le echa la culpa al otro de no haber salido del atasco.
De repente anuncian por la radio que la circulación se ha restablecido en la carretera, así sin más explicación. La pareja muy excitada se dispone a reiniciar la marcha pero también les invaden los miedos; después de tanto tiempo ya no saben realmente cual era el destino de su viaje. Los coches delante de ellos empiezan a moverse y cuando llega su turno, el motor del coche que ha estado encendido toda la función, se les cala. Ambos intentan arrancarlo pero no hay manera. Finalmente se resignan, se cogen tiernamente de la mano y permanecen sentados en sus asientos escuchando la música de la radio que es interrumpida para anunciar que un nuevo atasco se ha producido en esa carretera por causas desconocidas. Detrás de ellos se agolpan los coches haciendo sonar sus cláxones.